Pero me falta algo. Me falta la madre de todas las novelas cyberpunk: Neuromante, de William Gibson. La obra que prácticamente definió ella sola que es esto del cyberpunk, acuñando términos que hoy en día nos resultan normales y pintando con palabras los desolados paisajes urbanos que tantas historias han abarcado desde entonces.
New romancer
El género cyberpunk bebe mucho del noir, hasta el punto de que algunos lo definen como una versión futurista del mismo. Pero también bebe del romanticismo clásico, de los antihéroes y de los finales anti-climáticos; muy diferentes de las historias a las que estamos acostumbrados donde al final todos son felices y comen perdices.
Gibson entendió todo esto muy bien al elegir el título de la novela, ya que además de hacer referencia al oficio del protagonista, también nos deja caer que lo que vamos a leer es la nueva iteración de algo que ha estado ahí desde el inicio de los tiempos modernos.
La novela (sin hacer spoilers) va de un antiguo netrunner llamado Case que cometió el error de robar a sus jefes corporativos. Como castigo le achicharraron el sistema nervioso, dejándolo tullido e incapacitado para volver a conectarse al ciberespacio. Sumido en una espiral de autodestrucción, estimulantes y desesperación en los bajos fondos de Chiba City, en busca de una solución a su discapacidad que nunca llega, Case es abordado por un arreglador llamado Armitage, quien le hace una oferta imposible de rechazar: Curar sus lesiones neuronales a cambio de participar en un trabajo de alto riesgo.
Así es como Case conoce a Molly Millions, una razorgirl con gafas de espejo implantadas en las cuencas oculares y cuchillas retráctiles bajo las uñas que se convierte en su guardaespaldas. Juntos deambularán por paisajes urbanos, estaciones espaciales y redes virtuales en busca de lo que quiere Armitage.
Publicada en 1984, la novela supuso un boom en la ciencia-ficción cyberpunk. No solo fue la primera obra en ganar la famosa triple corona de la ciencia-ficción (los premios Hugo, Nebula y Philip K. Dick), sino que, como decía al principio, prácticamente cimentó ella sola el imaginario colectivo del género.
Antes de que llegaran las películas de gran presupuesto o los juegos de rol que todos conocemos, Gibson acuñó y popularizó la visión del ciberespacio como una alucinación consensual gráfica, las consolas de conexión al mismo, los ciberimplantes, el Hielo o ICE, el high-tech, low life, los arregladores, mercenarios y samurais callejeros, neones, corporaciones funcionando como shogunatos modernos y un sinfín de cosas más.
Psicodélica y de difícil lectura
Recomendar la lectura de Neuromante es algo delicado, porque no es una novela fácil de entender, sobretodo a la primera. Gibson no lleva al lector de la mano, ni se molesta en explicar cómo funciona su mundo mediante monólogos pedagógicos o glosarios al final del libro.
En su lugar lo que hace es evocar como se siente ese mundo. Te lanza a un batiburrillo de paisajes y situaciones pintados con frases lapidarias desde la mismísima primera frase de la novela, hoy ya mítica: El cielo sobre el puerto tenía el color de un televisor sintonizado en un canal muerto; y a partir de ahí empieza a bombardearte con terminología inventada por él sin piedad.
Tu imaginación rellena los significados de esa terminología y como encajan entre sí, haciendo que cada uno vea esos lugares y personajes de una manera diferente. Y esto, que a mi personalmente me parece maravilloso, tiene el problema de que, si no tienes un bagaje previo de conocimientos sobre el género cyberpunk, te complica de sobremanera entender que narices estás leyendo.
De hecho, recuerdo que cuando la leí por primera vez esperaba encontrarme una aventura de acción ágil, al más puro estilo de las películas de Hollywood... o quizá de los prototípicos screamsheets de Cyberpunk 2020. Y me llevé una decepción monumental, llegando incluso a sentirme engañado.
La experiencia de lectura me resultó tan densa, caótica y diferente a lo que esperaba, que estuve a punto de mandar el libro a tomar por saco a la mitad. No fue hasta años más tarde, tras acumular más conocimientos sobre el género y unas cuantas visitas a la wikipedia, que entendí de que iba Neuromante. Más o menos.
Trilogía del Sprawl
Neuromante empezó como una novela autoconclusiva, pero con el tiempo acabó convirtiéndose en la primera parte de una trilogía conocida como Trilogía del Sprawl o Trilogía del Ensanche.
Las otras dos novelas que forman parte de la misma son Conde Cero (Count Zero) y Mona Lisa Acelerada (Monalisa Overdrive), donde Gibson explora las consecuencias y evolución a largo plazo de los eventos ocurridos en Neuromante.
Legado
Hablar del legado que Neuromante ha dejado en el género cyberpunk es una tarea titánica. No creo que exista una obra cyberpunk que no tenga en sus genes su esencia.
Todos los juegos de rol cyberpunk la citan como una de sus fuentes de inspiración principales. Con todas las grandes películas del género pasa igual. Bueno, menos con Johnny Mnemonic, que esa bebe de su propio relato, también de William Gibson.
Que os voy a contar de comics y mangas. Y de videojuegos tan míticos como Deus Ex, Syndicate, Satellite Reign o Cyberpunk 2077. Si hasta Billy Idol le dedicó una canción en su album Cyberpunk de 1993.
Conclusiones
Neuromante es una novela que incluso leyéndola "a ciegas" por primera vez, sin llegar a entenderla del todo, no te deja indiferente. Su evocación es tan intensa que marca. Y por eso, sus ideas acaban quedándose en tí y llegando a todo lo cyberpunk que acabas haciendo. Pasa lo mismo que con Philip K. Dick y su tendencia a retorcerte la cabeza cambiando el sentido de la realidad cada dos por tres, que te agota, pero al final te sorprendes a ti mismo pensando que ha estado de madre y que quieres más.
Neuromante no es una novela cyberpunk. Es LA NOVELA cyberpunk. Imperfecta, incomprensible y rara. Pero, junto a la película de Blade Runner, (basada por cierto en una novela de Dick), evocadora de un género que lleva más de 40 años dando guerra y no termina de pasarse de moda nunca.
En mi opinión, merece la pena y mucho leerla. Además hoy en día, con acceso a la wikipedia y demás, es fácil salir de dudas sobre algunos temas si nos quedamos atascados. Aunque yo personalmente recomendaría que la primera vez se leyese a pelo, dejando volar nuestra imaginación. Así, la experiencia será más nuestra y más intensa. Como tiene que ser.
